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Misión · Valencia 2024

Topos Azteca en Valencia: misión tras la DANA de 2024

Integrantes de Topos Azteca viajaron a Valencia para apoyar la búsqueda de personas desaparecidas después de las inundaciones provocadas por la DANA de octubre de 2024. Allí encontramos un escenario de lodo, vehículos, vegetación y materiales arrastrados por la corriente, donde la búsqueda dependía tanto de la experiencia técnica como del conocimiento de las propias familias y comunidades.

Año
2024
País
España
Ciudad o región
Valencia
Tipo de emergencia
DANA e inundaciones
Brigada
Topos Azteca / BIRTA

Después de la DANA

El 29 de octubre de 2024, lluvias torrenciales provocaron inundaciones devastadoras en distintos puntos de la provincia de Valencia. El agua atravesó poblaciones enteras, arrastró vehículos y transformó caminos, barrancos y terrenos en grandes acumulaciones de lodo y residuos. En los días posteriores, mientras avanzaban las tareas de limpieza, numerosas familias continuaban buscando a personas de las que todavía no tenían noticias.

Un primer contingente de once integrantes salió desde México durante los primeros días de noviembre para incorporarse a esas búsquedas. Una vez en Valencia se fueron sumando voluntarios y colaboradores de España, Panamá y Alemania, lo que permitió ampliar las escuadras y trabajar simultáneamente en distintos puntos afectados.

Buscar donde pasó el agua

Parte de nuestro trabajo se desarrolló en la rambla del Poyo y en otros sectores golpeados por la riada. Caminábamos el terreno revisando acumulaciones de lodo, vegetación y materiales, y nos deteníamos cuando aparecía un indicio que justificaba una inspección más profunda. Las herramientas ligeras resultaban especialmente útiles: picos, palas, cuerdas y varas permitían revisar zonas cubiertas por lodo sin depender únicamente de maquinaria pesada.

En una inundación es necesario intentar reconstruir el recorrido del agua. La dirección de la corriente, los lugares donde se acumularon objetos y los puntos en los que la vegetación formó barreras pueden ayudar a entender dónde buscar. También utilizábamos señales del propio entorno y la experiencia acumulada sobre el terreno para decidir qué sectores debían revisarse nuevamente.

Las familias como parte de la búsqueda

Una característica especialmente importante de Valencia fue el contacto directo con las familias. Ellas podían decirnos dónde había sido vista una persona por última vez, qué vehículo utilizaba, qué camino acostumbraba recorrer o en qué punto había perdido contacto. Esa información convertía una búsqueda muy extensa en algo mucho más concreto y nos permitía concentrar esfuerzos en lugares que tenían sentido dentro de la historia de cada desaparecido.

Durante aquellas semanas trabajamos en búsquedas de personas con nombre, fotografía y familiares esperando noticias. Una de ellas fue Elisabet Gil, desaparecida después de que la riada arrastrara el vehículo en el que viajaba. Conocer estos casos personalmente cambia la forma de recorrer el terreno: ya no se busca una cifra, sino a alguien específico cuya familia puede explicar dónde comenzar.

Una búsqueda construida con la comunidad

Valencia mostró nuevamente la importancia del conocimiento local. Habitantes y voluntarios conocían caminos, barrancos y cambios del terreno que para quienes acabábamos de llegar no eran evidentes. Integrarnos con ellos permitió ampliar las búsquedas y comprender mejor cómo se había comportado el agua en cada zona.

Nuestra historia suele asociarse con terremotos y estructuras colapsadas, pero una inundación exige otra manera de pensar y trabajar. En Valencia tuvimos que adaptar nuestras herramientas y experiencia a un terreno abierto, cubierto de lodo y en constante cambio, manteniendo el mismo objetivo que en cualquier otra misión: localizar a quienes todavía estaban desaparecidos y ayudar a sus familias a obtener una respuesta.

Fuentes

La Razón / Agencia EFE

Búsqueda de desaparecidos con rostro y apellidos

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